Lula: "... Oye Flávio, aquí se habló mucho de corrupción. Yo te voy a hacer una propuesta. Yo te desafío a que mañana, mañana, abramos nuestra cuenta bancaria, abramos nuestro sigilo telefónico para que el pueblo brasileño sepa quién es ladrón en este país, para que el pueblo sepa quién es ladrón. Abrir el telefónico, el sigilo telefónico, tu cuenta bancaria, yo abro la de mi familia entera y tú abres la de tu familia, y vamos a pedirle a la justicia, nosotros le entregamos al presidente de la Corte Suprema, le entregamos al presidente del TSE, tus documentos y los míos para que evalúen, antes de las elecciones, para que el pueblo sepa quién es quién en la historia de este país, para saber quién es corrupto, quién es ladrón, ¿sabes? Porque si no, el pueblo va a ser engañado otra vez. El pueblo va a ser engañado, porque yo pregunté en la casa y usted no explicó. Entonces, yo quiero hacerle este desafío: ¿está dispuesto mañana a..."
A Flávio le duró la exigencia de transparencia hasta que le tocaron sus propias cuentas. Es cómoda la lucha contra la corrupción que siempre termina en la puerta de casa. De una casa que seguro tiene más que una cascada, de esas que le gustan a Adorni.