El Marchenismo no tiene honor, ni vergüenza, ni pudor. Y la larga lista de rectificaciones forzadas por la Justicia europea apenas son noticia en los diarios de Madrid. No sea que vaya a quedar mal el brazo Torrente de la ley.
La Sala Segunda del Tribunal Supremo, la de la puerta de atrás, corregida una vez más. Hoy, a propósito de la amnistía.
Cualquier otro servidor público, después de semejante sucesión de rectificaciones, ya habría presentado su dimisión. Si no por incompetencia, al menos por dignidad.
Pero abunda la soberbia y escasea el sentido del honor.