El último acto heroico de Guterres
Hay un fenómeno que siempre me ha llamado la atención en Naciones Unidas, y es que los secretarios generales parecen atreverse a decir la verdad sobre el Sáhara Occidental justo cuando están a punto de irse. A António Guterres le quedan dos meses en el cargo y acaba de hacerlo con un comunicado que, estoy seguro, ha molestado mucho en Rabat.
Conviene recordar lo que ha pasado estas semanas. Estados Unidos, con el apoyo de Francia y del Reino Unido, quiso aprovechar la renovación anual de la MINURSO para que el Consejo de Seguridad diera por buena la ocupación marroquí. Su borrador quitaba el referéndum del nombre de la misión y presentaba la autonomía bajo soberanía marroquí como la única salida posible, con lo que los cascos azules habrían acabado vigilando la aplicación de un plan diseñado en Rabat. El veto ruso del 30 de octubre tumbó ese intento. Y cuando Moscú propuso después renovar la misión tal como estaba, esos mismos países, que tanto decían valorar la presencia de la ONU, prefirieron quedarse sin misión antes que mantener una que siguiera hablando de referéndum. Eso dice mucho de cuáles eran sus prioridades.
La MINURSO termina así sin haber sido convertida en otra cosa, y Guterres ha querido dejar claro por escrito para qué existió esa misión. En su comunicado recuerda que la misión se creó para proteger y servir al pueblo del Sáhara Occidental y para que pudiera ejercer su derecho inalienable a la autodeterminación, insiste en que su salida no anula ese derecho y reafirma el compromiso de la ONU con una solución que lo garantice. De la autonomía marroquí no dice ni una palabra.
Después de meses de presión, el último texto del secretario general sobre el Sáhara habla de descolonización y de nada más.
Ya vimos algo parecido con Ban Ki-moon, el ex secretario general de la ONU que en marzo de 2016, en su último año de mandato, visitó los campamentos de refugiados saharauis y Bir Lehlu, en los territorios liberados del Sáhara Occidental, y habló ante la prensa de ocupación para referirse a la presencia marroquí. Rabat reaccionó con enorme dureza, expulsó al personal civil de la MINURSO y sacó a decenas de miles de personas a la calle contra él. Diez años después, su sucesor hace lo mismo en sus últimas semanas al frente de la organización.
Me pregunto a menudo por qué esto solo ocurre cuando el mandato se acaba. Creo que la respuesta es incómoda para la propia ONU, porque mientras necesitan el apoyo de las grandes potencias los secretarios generales callan, y solo cuando ya no tienen nada que perder se permiten decir lo que piensan. Tiene algo de gesto valiente y algo de confesión hecha en el último momento.
Marruecos celebró el fin de la MINURSO como si el asunto quedara zanjado, y el máximo responsable de Naciones Unidas le ha contestado por escrito que sigue abierto, que el derecho pertenece al pueblo saharaui y que ni un veto, ni la retirada de los cascos azules, ni las presiones de las potencias pueden borrarlo. Guterres se va y la MINURSO se va, pero el derecho a la autodeterminación sigue ahí, recogido en los documentos de la organización. Quien llegue en enero a la secretaría general se lo encontrará sobre la mesa.