Más allá de la renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE tras los graves señalamientos de corrupción, que deben ser investigados y sancionados conforme a derecho, lo que está en juego es la confianza en el árbitro electoral a ocho meses de las elecciones más grandes de nuestra historia.
Durante su gestión, el INE ha permitido que Morena disfrace como "coordinadores" a quienes en los hechos realizan actos anticipados de campaña; de la misma forma, ha solapado fraudes electorales como los de Poza Rica y Papantla, en Veracruz.
Lo que verdaderamente está en riesgo es la credibilidad de nuestra democracia. Por ello, hacemos un llamado enérgico a las fuerzas políticas que integran la Cámara de Diputados a privilegiar el diálogo y elegir a un nuevo árbitro que sea verdaderamente imparcial; uno que no se someta al poder, que garantice piso parejo y que prohíba de manera efectiva las ilegalidades electorales. La ciudadanía merece certezas, no silencios ni evasivas.