Cuando no te pueden comprar, solo caben dos opciones: anularte o ignorarte. La primera opción es cuando estás ya dentro; la segunda, cuando te postulas para entrar. Nada más temido que un profesional sin miedo y sin precio.
Totalmente de acuerdo con Natalia. Y añadiría algo más, que el problema no es únicamente que las personas preparadas, honestas y con criterio rehúyan la política. Es que, cuando alguna decide dar el paso y pretende ejercer un cargo público haciendo las cosas bien, respetando las leyes, las normas y el interés general, muchas veces es el propio sistema, junto con todo el entramado de intereses que lo rodea, quien se encarga de apartarla.
Y así es como se expulsa a los mejores y se perpetúa la mediocridad.