Carlos se ha ido a cenar a Ávila con su familia el Día de Todos los Santos. Tenía el Bococo con su chuletón de ternera avileña, Los Candiles, que tienen una milhoja de morcilla para ponerle un piso al cocinero y que jamás se marche de tu vera, y la Taberna de los Verdugo con sus judiones del Barco o su crema de boletus, que ojo ahí. Y el chico ha cogido a su familia, que santa paciencia tienen con él, y se los ha llevado al Burger King para poder comerse una hamburguesa de soja y trigo, y luego ha venido aquí, indignado, a contarlo y a decir que Ávila es un antro. Bueno. Yo no voy a tratar de ridiculizar a un muchacho de veintipocos. Ya lo está haciendo Twitter en los comentarios y no me gusta. Prefiero decirle lo que algún señor facha y de pueblo debería haberme dicho a mí a su edad, cuando escribía mongoladas parecidas, y nadie se molestó. Yo tardé media vida en entender de qué iba esto; a Carlos igual todavía se la puedo ahorrar. Mira, hijo. Tú no eres ni tonto ni malo por decir lo que dices; ni puto caso a los insultos. Pero sí que te han hecho algo, y tienes que entender lo que te han hecho. A ti te han cogido, te han borrado la configuración original y te han reconfigurado. Te han sacado todo lo que te enseñaron de niño, todo eso que te unía a un sitio y a una gente: tu cocina, tu tierra, tus abuelos, tu patria, tu historia, tu música, tus tradiciones, tu moral. Y en el hueco te han metido globalismo gramito a gramito, película de Disney a película de Disney, serie de Netflix a serie de Netflix. Tú te crees que lo has elegido tú, que es tu forma de ser, tu conciencia, pero eso solo lo crees porque te lo hicieron en el momento más vulnerable de tu vida, en la pubertad y en la adolescencia, justo cuando estabas conformando tu personalidad. Por eso dices ahora lo del "cadáver animal", yo sé perfectamente que lo que buscas es atención, provocar, que te contesten, para reafirmarte, pero sobre todo estás declarando quién eres. Eres animalista y esa es tu forma de decir "eh, eh, que yo no soy como estos paletos de Ávila con sus ganaderías, que todo esto, a mí, me es ajeno, que yo vivo en Madrid, en un barrio cosmopolita". Estás avisando de que perteneces al club de los que se sienten más cerca de un community manager de Brooklyn que de su vecino Manolo, siempre que el de Brooklyn sea woke y no se pierda un episodio de RuPaul. Yo todo eso lo sé, Carlos. Como también sé que no aspiras a lo que aspiraban tus padres. No quieres una pareja para toda la vida, no quieres fidelidad, dos hijos y un hogar levantado con esfuerzo, un arroz con la familia los domingos, niños corriendo por el pasillo, olor a leña y una conversación larga de sobremesa con un buen vino. No. Tú aspiras a un piso compartido con ladrillos vistos y escalera de emergencias, a promiscuidad, a vivir con el reparto de una sitcom, un senegalés, un hippie alemán y una lesbiana negra. A aventurillas de trabajo de lunes a viernes y a estrenar romance cada fin de semana. Esa es la vida que te han vendido como libertad, y por eso en la Plaza Mayor de Ávila, delante de un lomo de ciervo con setas y de tu propia familia, te sientes extraño: porque te han enseñado que ser de Ávila es ser un paleto. Y lo que no ves, Carlos, y yo quiero que veas, y por eso te suelto esta chapa que espero que se te quede rondando por la cabeza, es que lo que tú crees que es rebelarte es justo lo contrario. Un hombre con pueblo, con familia, con tradiciones y con unos muertos a los que poner flores el Día de Todos los Santos es un hombre difícil de desarraigar y, por tanto, difícil de engañar: tiene a quién preguntar, tiene cosas que no están en venta, tiene una familia que lo va a recoger cuando lo necesite, tiene San Roque en agosto, tiene una peña, pertenece a algo. Un hombre atomizado, con la skin neoyorquina predeterminada puesta, sin raíces y orgulloso de no tenerlas, es la pieza perfecta para un mercado laboral que necesita que todos seamos intercambiables, que lo mismo trabajemos en Carabanchel Alto que en París, Texas, y que no tengamos ninguna lealtad que se cruce con las necesidades del mercado. Y no un mercado laboral cualquiera. Tú eres, exactamente, el producto que necesitaba el mercado laboral de Estados Unidos a mediados de los 90, con Bill Clinton en el poder, a quien le gustaba mucho la ingeniería social. En esos años, Carlos, antes de que tú nacieras, las fábricas se deslocalizaban a México y a China, el empleo para toda la vida en el pueblito se acababa, la típica serrería que sale en Twin Peaks, a orillas del río Spokane, o las fábricas de Detroit se cerraban, y el trabajo que quedaba se concentraba en cuatro grandes ciudades. La palabra de moda era "flexibilidad", que básicamente signfiica ir a donde esté el trabajo, a un piso compartido, y sin quejarte. Y para eso hacía falta un tipo de persona muy concreto: joven, soltero, sin hipoteca, sin hijos ni planes de tenerlos, sin padres a los que cuidar, sin pueblo al que volver y sin respaldo familiar, para que no pudiera negarse a ninguna oferta. Y como ese perfil no existía, hijo, lo fabricaron. En 1994 estrenaron Friends: seis treintañeros sin familia, sin pueblo, con trabajos que van y vienen y cuya única familia son los compañeros de piso. Tú no la viste de estreno, porque eres muy joven, pero la viste en Netflix con quince años, en bucle, como toda tu generación, y después te reafirmaron el mismo cuento: Sexo en Nueva York, Sex Education, Cómo conocí a vuestra madre, New Girl, Big Bang Theory y un documental vegano detrás de otro, como Cowspiracy, por citar uno que sé que has visto y que te marcó, sin conocerte de nada. A las multinacionales que diseñaron tu forma de pensar, Carlos, les da igual la lechuga o la ternera; lo que no soportan son las raíces. Rebelarse es tener raíces, no comer lechuga. Y las raíces, hijo, son lo único importante. Porque la sitcom se acaba. Los compañeros de piso se mudan, el romance del fin de semana termina siendo un viejo meao calvo y con coleta hablando de Frank Zappa, de macrogranjas y de decrecimiento. Y un día te plantas en los cuarenta y te das cuenta de que te has pasado la vida haciendo el gilipollas, persiguiendo una experiencia vital que te vendieron de niño como deseable y que te vacía por dentro, que no ha sido plena nunca, y que no va a mejorar por mucho que cambies de piso, de ciudad, de pareja, o de iPhone. Y si tienes suerte lo entiendes todavía joven, con tus padres vivos, antes de ser tú el viejo meao: un sábado a las diez de la noche, solo, en un pisucho de Lavapiés, de alquiler, con gripe, mirando el móvil y descubriendo que no tienes a nadie a quien llamar para que te cuide. Ahí es donde piensas: qué he hecho yo con mi vida. Y entonces coges el coche, si tienes, o el tren, si funciona, y te vuelves a Ávila, con tu madre, que ni te pregunta ni te reprocha nada, te abraza y te pone un arroz blanco para que te mejores. Y sentado con ella, con el plato delante, descubres tu propia cocina, que lleva ahí toda la vida, y entiendes que todo lo que te habían vendido era una gran mentira, y que lo único importante lo habías tenido delante siempre. No es un sitio, ni un paisaje: es una gente y una tierra con la que tienes todo en común, unos vivos que te esperan y unos muertos sin los cuales no estarías aquí. Se llama patria, hijo. Tú lo llamabas antro, pero son tus raíces, y permíteme el consejo: recupéralas mientras estés a tiempo.
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Somos muchas personas de diferentes carreras las que nos pasamos años estudiando con un nivel de exigencia muy alto para desarrollar nuestra profesión. Y uno de los motivos es la responsabilidad penal que acarrean nuestros actos. Lo sabemos y lo asumimos, nos hace estar alerta y ser rigurosos. Es hora de que los políticos y personas afines se alejen de trabajos para los que no están preparados y de los que no quieren asumir las consecuencias. Que el ministro no sea del ramo es lo habitual, del resto de cargos de responsabilidad deben estar fuera. Es hora de que los funcionarios preparados vuelvan a esos puestos y tengan capacidad de asesorar y ayudar a elegir las mejores decisiones según las políticas fijadas. Tener a los profesionales altamente preparados y no darles la capacidad de decidir es un mal que debemos resolver cuanto antes.
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Da igual cuándo leas esto: entregar la gestión a cargos de libre designación sin la preparación adecuada es una forma de privatizar nuestro sector público.
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Son muchas las profesiones donde existe el miedo a un error que pueda ocasionar un daño importante. Las sanitarias, sin duda. Recuerdo una ocasión que prescribí un antibiótico desaconsejado en el embarazo a una paciente. Esa noche me desperté viendo claro mi error. La llamé por la mañana, indicando mi error, solo había tomado una dosis. Revisé todo lo publicado sobre el tema para tranquilizar a la paciente y tranquilizarme. En resumen: no esconderse, no negarlo, no echar la culpa a otros. Eso sí, un sistema de alerta electrónico que tenga la variable embarazo y ante la prescripción electrónica de un medicamento contraindicado que salte sería bienvenido. La tecnología está para evitar el error humano.
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I have never denied that people who call themselves trans exist and in the UK, they rightly have exactly the same rights as every other citizen. What you want is for women to lose their sex-based rights to accommodate men who say they're women. That's the conflict.
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A cualquier persona decente le dan un cargo para que el que no está preparado y lo rechaza. Pero sin dudarlo. Un político no. Da igual que lo pongan a dirigir un hospital, los trenes o un proyecto aeroespacial.
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He hablado en mi primer tuit del "error humano": pues bien, el error humano es insistir en votar a gente que te ha demostrado fehacientemente que no es de fiar porque prefieres votar a una cabra que se presente por tu partido que un premio nobel que se presente por otro.
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Creo que una de las razones para los disturbios que estamos viendo estos días es el haber educado a la sociedad en la expectativa de un consumo desenfrenado sin ninguna posibilidad de cumplirse en la gran mayoría de los casos. Aboca a la desilusión, la frustración y la violencia.
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No pagaré por ver La bola negra de los Javis por el mismo motivo que no lo hice por ver la Odisea de Nolan o el Cervantes de Amenabar. No me atraen las obras que necesitan reescribir o cercenar un pasado histórico y simbólico común para dotar de sentido a un presente absurdo.
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Esto de @perezreverte Su artículo “ Los bárbaros somos nosotros” es brutal y si no hace pensar es que ya estamos derrotados
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Rapapolvo a los tertulianos de #lasextaxplica de Mario Samper, presidente de la Asoc. Víctimas de Adamuz: "Si esto vuelve a ser un gallinero, me levanto y me voy" Sobre la CIAF, AITAT, Adif y Óscar Puente: "Estos señores no tenían que estar dimitidos, hay que ponerlos en busca y captura" #urda #accidentetren
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Replying to @Lentejitas
Además, quiero consecuencias para todos los políticos corruptos. Consecuencias tan severas que nunca nadie más vuelva a delinquir. Quiero que destaparlos aforamientos, y que tener un cargo público sea un agravante.
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Replying to @Lentejitas
Exacto. Visto por aquí, ahora busco la referencia.
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Ciertamente fue, en algunos momentos, complicado ayer desarrollar una idea por las interrupciones nitter.siddz.com/jemayfe73/status/21166…, (gracias @jemayfe73 por el vídeo). Pero cuando pude hacerlo, quise denunciar la gestión negligente del Ministerio de Transportes y la fabricación del relato del Gobierno, uno profundamente irrespetuoso para con los mismos trabajadores que sufren tal gestión y para con las víctimas. Quise, por todo ellos, exigir respeto, verdad y justicia.
Hugo Manchón
Después de estar soportando 5 minutos de constantes interrupciones por parte del limitado Valenciano, como es su forma habitual de actuar, os dejo los 2 últimos minutos del repaso sublime que @Paulafraga__ le ha dado a ese pobre bufón de Sánchez.
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Hay muchos motivos para criticar al actual gobierno, a la actitud de Oscar Puente o de Pedro Sánchez, sin duda. Hay también muchos motivos para desconfiar que el PP sea mejor en ningún aspecto, por su historia, corrupción y los mediocres personajes que forman actualmente su cúpula. Hay muchos motivos para temer a VOX, por su discurso y sus actuaciones ahora que toca poder. Hay mucho desencanto con "la izquierda del PSOE", sus batallas y su evolución. Creo que muchos pensamos así y estamos ante un dilema histórico sobre nuestro país.
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"Aquellas vidas normales y al mismo tiempo sobresalientes que son dignas de imitación, porque, si la sociedad sigue su ejemplo, crea buenas costumbres y progresa" La "Mayoría selecta" de hoy es sublime.
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La verdad es que estoy un poco desaparecido de esta nuestra red social y otras porque con las noticias de estos últimos días, mi ánimo de compartir sobre "mi película" se reduce a cero. Solamente siento tristeza. Tristeza por lo que ha pasado, Tristeza por el país, Tristeza porque las alternativas son escalofriantes. Solo una vez he visto en persona a @Recuenco y charlamos poco esa vez. La charla más larga fue en una entrevista que quedó grabada en @3CisnesNegros. Sin embsrgo, es una persona a la que sigo desde 2020 y le he escrito en privado en algunas ocasiones y como otros ya han dicho, siempre está disponible (en mi experiencia). Eso dice mucho de él. Creo que ante la situación actual apenas hay dos paths: el cinismo inmóvil o La Lucha y ciertamente pienso que es el segundo el único moralmente correcto. Soy optimista por naturaleza, que no crédulo. Creo que vendrán tiempos buenos cuando este país se olvide de viejos mantras e inercias culturales y que al final del día Michael Jackson tenía razón: "If you wanna make the world a better place, take a look at yourself, and then make a change." Creo que el cambio va por pequeñas cosas del día a día: 1️⃣ Si tus padres piden una ayuda por discapacidad cuando sabes que no ña necesitan y la argumentan con un manido "más gente lo hace" tienes que decirles que está mal. 2️⃣ Si tu amigo hace una obra en negro, tienes que decirle que está mal. 3️⃣ Si tu pareja le dice a tu hijo algo del tipo "en la vida hay que ser espabilao", ahí hay que matizar. Porque la corrupción empieza a pequeña escala. "Cada pueblo tiene el gobierno que se merece" es una frase dolorosísima pero hace falta leerla, mirarla, tragarla y desde ahí quizás empezar la conversación del cambio. ¿Qué ha hecho mal el pueblo para que estemos hoy aquí? Si todo lo simplificas a izquierda o derecha eres parte del problema.
En el hilo turras de hoy, lamento dejar mi tono predilecto técnico y de alguna manera científico/estratégico, porque entra con fuerza por un lateral del escenario, la necesidad de un call to arms.
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“De una sociedad que corre demasiado, de plantillas cada vez más ajustadas, de personas soportando cargas de trabajo que antes asumían varias, de la obsesión por producir más, ganar más y hacerlo todo más rápido. Lo llamó «capitalismo con prisas».” elcirculoindependiente.com/2…
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Dan ganas de contratar una página de publicidad en los principales periódicos diciendo: La partitocracia mata. La colonización de las instituciones mata. La complicidad de los medios mata.
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