Cuenta una vieja fábula, atribuida a Stalin, que el dictador cogió un pollo y comenzó a arrancarle las plumas una a una, hasta dejarlo completamente desplumado y sumido en el dolor.
Después, lo soltó en el suelo y empezó a ofrecerle pequeños granos de trigo. El animal, que acababa de sufrir a manos de aquel hombre, comenzó a seguirlo para conseguir algo de comida.
Entonces Stalin explicó:
«Así es como se gobierna a un pueblo. Primero le quitas todo lo que tiene y después le das unas migajas. Y lo más sorprendente es que termina siguiéndote y agradeciéndote lo poco que le das, olvidando quién se lo quitó».
Así consideran al pueblo. Así son.
Cuando todo se rompe lo que nos sostiene es aquello que es de todos: unos servidores públicos que están siempre al servicio de la ciudadanía.
Por eso la respuesta a esta tragedia nunca puede ser menos servicios públicos. Tiene que ser mucha más inversión y más cuidado de lo que es de todos.
Cada recorte en lo público es un recorte en nuestra capacidad para poder protegernos unos a otros en los momentos más difíciles