¿Todos por Medellín?
Por:
@MachadoRold
El pasado viernes, un juez penal del circuito de Medellín revocó la casa por cárcel de Miguel Quintero Calle y ordenó que cumpla la medida de aseguramiento en un centro carcelario. Desde entonces hay más de uno ganándose indulgencias con padrenuestros ajenos. Del alcalde Federico Gutiérrez (
@FicoGutierrez) para abajo, concejales y funcionarios de su movimiento se reparten galardones por un proceso que poco les debe, y ese reparto, además de injusto, es falso.
Mientras la administración de Daniel Quintero (
@QuinteroCalle) convertía el conglomerado público en botín, Fico y varios de los hoy concejales de su grupo andaban en otra cosa, entre la campaña presidencial y sus negocios privados. En esos años oscuros no se les vio coraje en la trinchera. Fico volvió a La Alpujarra por un hecho circunstancial, el hartazgo de la ciudad con el hermano del hoy procesado, y lo capitalizó casi sin moverse. Que las entidades que hoy dirige actúen como víctimas en el proceso es una obligación legal, y cumplirla no lo vuelve autor de nada.
Las denuncias que el alcalde presenta como mérito propio nacieron en otra parte. El grueso de los procesos que avanzan contra la presunta estructura que capturó la administración de Medellín responde a investigaciones de ciudadanos y activistas que denunciaron cuando hacerlo costaba caro. Les cayeron procesos judiciales y ataques desde la cuenta del propio alcalde, que los tachaba de oposición disfrazada. Las más destacadas las impulsó la asociación Todos por Medellín (
@TodosXMedellin), dirigida desde su fundación en 2020 por otra columnista de esta casa, Piedad Patricia Restrepo (
@piedadrestrepor). A comienzos de 2023 la veeduría ya sumaba trece investigaciones en curso en la Fiscalía nacidas de sus denuncias. Y ojo, que una medida de aseguramiento no es una condena, y el juicio que viene necesitará a quienes documentaron los hechos.
Piedad ya no está al frente. Dejó la vocería en septiembre de 2025 y hoy la encabeza Hernando Muñoz (
@HMSmipalabra), junto a varios de los profesionales que hicieron posible el control social a la pasada administración. Allá siguen, trabajando con las uñas y levantando la voz donde pueden. Aun así, el espacio luce marchito y menguado. Razones para vigilar sobran en Fico II, empezando por el reclamo que la propia veeduría le hizo a un Plan de Desarrollo que llegó sin estrategias anticorrupción. Pero a quienes la sostenían se les fue el ánimo. Con Quintero derrotado, a ciudadanos y empresarios se les bajó el cortisol y la veeduría quedó reducida a una vocería menor. Hoy su continuidad no está clara.
La veeduría depende de pocos financiadores, y su consejo asesor reúne a empresarios cercanos a Fico, algunos de ellos aportantes de su campaña. Una veeduría que solo recibe oxígeno cuando gobierna el adversario termina por darle la razón a Quintero, que siempre la acusó de ser instrumento de oposición. Dejar morir a Todos por Medellín sería regalarle ese argumento al quinterismo y perder el ojo crítico que debe permanecer sin importar el color de la administración ni su afinidad con los círculos de poder.
Qué gran error cometerían la ciudad y sus generosos patrocinadores si la dejan apagar. Les toca renovar la financiación con un compromiso de varios años y blindar la independencia del consejo asesor frente a la Alcaldía, por amigable que les resulte el alcalde. Las universidades de la ciudad pueden poner sus consultorios jurídicos y sus semilleros a revisar contratos de la mano de la veeduría. Los ciudadanos y empresas que celebraron la caída de Quintero tienen la opción de afiliarse y aportar, aunque sea poco, para que el control social no dependa de un par de chequeras. Y los concejales que hoy se cuelgan medallas ajenas harían bien en apoyarla y escucharla con la misma atención con que posan para la foto. La veeduría que destapó a Quintero tiene que seguir viva para vigilar a este y a los siguientes, vengan del partido que vengan.