Entrevista del filósofo Hrishikesh Joshi al filósofo Jimmy Alfonso Licon:
“-HJ: Parece que coincidimos en muchas cosas, pero quizá un punto de desacuerdo sea el de la IA y la filosofía. En mi opinión, los filósofos deberían evitar la IA en el proceso mismo de escritura, por la sencilla razón de que escribir es pensar. Dicho esto, no me opongo a usar la IA para tareas auxiliares o preparatorias, como resumir artículos para captar la idea general, poner a prueba argumentos, verificar datos y ortografía, etc. Además, no estoy convencido de que la IA pueda, por ahora, hacer filosofía propiamente dicha, a diferencia del trabajo filosófico, por usar la distinción de Nietzsche. ¿Estamos en desacuerdo aquí? Si es así, ¿puedes darme razones para cambiar de opinión al respecto?
-JAL: Creo que discrepamos, aunque menos de lo que podrías esperar. Estoy de acuerdo en que escribir es pensar, pero creo que esa afirmación es a la vez cierta y engañosa. Escribir es claramente una forma de pensar, pero ni mucho menos la única. Sócrates hacía filosofía mejor que muchos de nosotros sin escribir una sola palabra ni publicar nada, y los seminarios de posgrado son otro ejemplo claro de pensar sin escribir. Un lema mejor, quizá, sería: escribir es pensar, pero no todo pensar es escribir. Aquí vale la pena distinguir entre la escritura asistida por IA y externalizar el pensamiento a la IA: no son en absoluto lo mismo. Y me parece absurdo tener que señalar eso, especialmente a académicos que por lo demás son muy inteligentes, pero aquí estamos. Es demasiado frecuente confundir ambas cosas. Trabajar un argumento filosófico con un chatbot inteligente puede implicar cuestionar afirmaciones, hacer distinciones, sopesar objeciones y desarrollar argumentos. Eso es pensar, sin duda. No es tan distinto de discutir un problema con un colega inteligente, aunque lo segundo sea preferible a lo primero.
Básicamente así es como uso Claude en mi investigación. Desarrollo la idea, leo la bibliografía y tomo mis propias notas. Solo entonces uso la IA para hacer lluvia de ideas, identificar objeciones y evaluar argumentos. Rechazo muchas de sus sugerencias, quizá incluso la mayoría. Escribo con la ayuda de Claude, pero reescribo, borro, pulo y la cuestiono mucho, a partir de lo que sé de la literatura. El producto final es uno que conozco a fondo y con el que me siento cómodo para enviarlo a algún sitio. Es un proceso largo, difícil y arduo, aunque la IA facilite algunos aspectos.
No estoy convencido de que los sistemas de IA actuales estén haciendo filosofía en un sentido robusto, tras usarlos de forma regular durante aproximadamente un año y medio. Eso requiere un tipo de agencia para desarrollar posiciones sostenidas, esbozar nuevas posturas y asumir la responsabilidad intelectual del proyecto resultante. La distinción relevante aquí es entre la escritura con IA y la externalización del pensamiento a la IA, y tengo poco interés en defender lo segundo.”